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sábado, 22 de agosto de 2015

Entrevista a Gabriel Desmar por su libro Destellos en el Camino

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por Camila Ortiz

 1) El tiempo en este nuevo poemario aparece como una constante y como clave de interpretación, pues bien podemos encontrarlo en algunos textos como una promesa de futuro, pero también como nostalgia y añoranza, también se hace presente desde lo más material, el envejecimiento que sufrimos, las tareas diarias y el calendario que marca la rutina, frente a ciertas percepciones oníricas de viajes imposibles en que el tiempo se difumina junto al espacio, podrías Gabriel explayarte respecto a este tópico y la importancia para tu obra.
El tiempo es importante en mi escritura, toda vez que inunda todo en la vida de las personas, es algo que siempre está avanzando, tengamos conciencia de ello o no, pero indefectiblemente en algún instante se nos aparecerá frente a nosotros y allí nos daremos cuenta de su existencia y los efectos sobre nuestras vidas, de lo que hicimos o dejamos de hacer o lo que haremos más adelante. Básicamente utilizo este concepto para jugar con las distintas etapas que se van viviendo y los distintos significados que van tomando en una misma persona a lo largo de su vida. Por otra parte, por mi formación, también lo utilizo en las grandes preguntas que se hace el ser humano sobre el universo y cavilo sobre todos esos aspectos, sobre la existencia de un universo o de multiversos. Además el tiempo es componente importante de toda la tecnológica actual que todos usamos y quizás no nos demos cuenta de ello, en cuanto a las ondas, las transmisiones, los códigos,  internet, cable, celulares, etc.
2) Me llama la atención la gran cantidad de signos que conforman tu material poético, la versatilidad, desde un poema que toma como foco de atención el chocolate ante otro que se centra en el mundial de fútbol, hago este paralelo por lo disímil de los temas, sin embargo, creo captar el nexo en la sinestesia, en la invitación a evocar aromas y una atmósfera, podrías darnos tu impresión al respecto.
Los objetos poéticos, o signos  con que trabajo, abarcan todo lo que existe o se presente ante mí. No hay ninguna situación de la vida real que no sea digna de ponerle atención, tampoco en el ámbito de los pensamientos, los sentimientos, las ciencias, los misterios, la existencia, la metafísica, las creencias, los sueños, lo onírico, etc. Por eso mi poesía va de un lado a otro explorando todo. Puede ser un poema con una atmósfera  especial, pueden ser mundos desconocidos, puede ser un poema tipo postal, en el cual describo extensamente lo que ocurre en ese lugar, como si fuera un video, o pueden ser poemas con estrofas aparentemente inconexas unas con otras, como un alebrije poético, pero que son una forma de pintura de la palabra con muchos trazos exploratorios.      
3) Para los lectores que recién están conociendo tu trabajo, podrías hablarnos un poco de tu estética, con que autores te sientes por educación sentimental vinculado, y  a la vez dentro de la tradición nacional, en qué parámetros ubicas tu obra.
Cultivo una estética propia producto de mi formación y el medio en que me he desarrollado. Mi escritura es a veces directa, otras veces un poco menos y otras son sólo signos que hay que interpretar. Me gusta escribir correctamente, respetando el idioma y sus reglas. No me siento cómodo escribiendo en métrica,  no me permite expresarme con la nitidez que me gusta, siempre hay que hacer ajustes que terminan haciendo sonar un poco extraño los versos, se pone el poema al servicio de la métrica. Sin perjuicio de lo anterior, a veces lo hago con algunos poemas, como en este libro, donde incluyo algunos sonetos clásicos y alejandrinos, una selección de adónicas y aikus, pero el grueso de los poemas están en verso libre.
En relación a los autores que me siento vinculado, me gusta  la estética de Jorge Teillier, Pablo Neruda  y   ciertos aspectos de Rabindranath Tagore. No soy un  conocedor de un gran universo de poetas, pero seguro hay muchos que si los leyera, quizás me gustarían si van un poco relacionados con mi estética.
Mi obra la ubico cerca de la tradición literaria de nuestro país, aquella que comparte un tiempo que comprende la segunda mitad del siglo pasado y lo que va de este siglo que me ha tocado vivir, junto a la cultura en la cual estoy inmerso y a  los valores y creencias de la sociedad. Así que todos esos elementos de alguna manera moldean la visión y la forma de ver las cosas de muchas personas.
4) Gabriel, podrías contarnos en que se diferencia este libro de tu poemario anterior Cavilaciones y Sendas, qué encontrará el lector en estos nuevos textos y en segundo lugar en qué estás trabajando ahora, cómo se proyecta e inserta Destellos en el Camino en tus obras por venir.
Como dije anteriormente, mis libros se valen de múltiples signos para la creación poética, que son comunes a los dos. En Cavilaciones y Sendas trato sobre cosas cotidianas, hago un viaje interior sobre algunas cosas, también desarrollo poéticamente conceptos de la física como el sonido, la luz, misterios del universo. Hago reminiscencias de cosas que ya no están o que conocí en mi niñez y juventud, junto a un capítulo completo dedicado exclusivamente a la descripción de lugares y paisajes del norte de Chile y de otros países.
En este libro Destellos en el Camino,  básicamente me ocupo del tiempo, tanto personal como referido a otras cosas,  de la existencia, del destino, de las vidas, de viajar en el tiempo, de algunos mundos que desaparecen. Se hace un poco más simbólica en algunos textos y también me interno en ambientes oníricos, construyo ciertas atmósferas a trazos como si tuviera una paleta de colores, con los cuáles  dibujo parajes abstractos. Al igual que el primero, salto de un tema a otro, tal como es la vida, donde no hay simetría si no que todo es ecléctico.
Ahora tengo terminados dos libros más y estoy comenzando a trabajar en el quinto, todos ellos aproximadamente contienen 140 poemas, que es la medida que he elegido para publicar. Todos ellos se insertan en un solo continuo, me paseo por infinidad de temas y los voy tratando según mi forma de interpretarlos.  Por lo que Destellos en el Camino se inserta en ese camino junto a los otros dos terminados y no publicados aún. 
 por Camila Ortiz.

Imágenes de Irlanda

Paso por los verdes paisajes de Irlanda,
por caminos entre campos y pequeños pueblos,
paso por Shannon, Limerick  y sigo hacia Ennis,
por esas rutas llenas de frio y nieblas bajas,
por donde viven los duendes en bosques perdidos. 

Escucho el océano en los acantilados de Moher,
vertical caída a un mar siempre embravecido,
que golpea sin cesar las paredes milenarias,
en un diálogo de eras con su idioma de espumas,
elevando un rumor grave que se pierde  en sus paredes.

Pasado de vikingos y normandos en tus venas,
imponente castillo de Bunratty en las sombras,
voces del siglo XIV salen de sus ventanas,
mientras doncellas de profundos ojos azules,
ondean su roja cabellera en el viento de la historia.

El bar de la Durty Nellys, remanso del tiempo,
una gota de pasado vertida en una cerveza Guinness,
muebles y casa de la edad media me envuelven,
mientras suenan los cantos y alegrías irlandesas,
que hacen vibrar el fuego con sus voces de siempre.

Un caballo blanco pasta manso bajo la lluvia,
lluvia que cae eterna sobre el brumoso paisaje,
paisaje quieto, con brisas que tren trozos de historia,
me envuelven mientras camino bajo la lluvia,
internándome en el verde linaje de sus extensos campos.

Paisajes mentales

Internándome en lugares más allá de los sonidos,
donde los silencios llenan todo el interminable paisaje,
entro en una dimensión como de otro planeta,
donde la mirada se pierde en lomajes lejanos,
de milenarias presencias, eternamente quietos.

Es el fin de la tierra, es una puerta cerrada y oculta,
que se abre sólo cuando mis pasos la buscan,
y entro en esa esencia gris y ese viento antiguo,
que trae enredado en sus largos velos de polvo,
historias arrastradas en su eterno ir y venir por la nada. 

Quisiera encontrar en estos amplios parajes irreales,
de pronto, como salido de la nada, a otro ser,
un ser de otra dimensión, también perdido en el paisaje,
quizás de otros mundos desconocidos u olvidados,
adentrándose en sus propios pensamientos agrestes.

Mirarnos nuestros cuerpos ampliamente distintos,
como si fuéramos dos alienígenas de diferentes mundos,
que divagan en sus respectivos pensamientos,
con palabras y signos ininteligibles para el otro,
quizás de las mismas cosas eternas del vasto universo.

Es un espacio de intersecciones planetarias superpuestas,
donde como en un holograma venido desde el tiempo,
interactuamos en una danza común de existencias,
con los mismos problemas no resueltos en las vidas,
con los mismos caminos inconclusos, bajo este viento extraño.

El viajero

Ayer nos embarcamos en una nave de viento,
era transparente y suave flotaba en el vacío,
remontamos primaveras, árboles y trinos,
y el mundo entero nos miraba en la nada,
y a veces las nubes nos vestían de blanco.

Los bosques lluviosos entregaban aromas vitales,
llegaban sonidos de sus raíces profundas,
dialogando con la tierra y con el agua subterránea,
en una ancestral simbiosis que remonta eras,
en un todo amalgamado como unidad vital.

Luego sentí nítido el mar con sus lamentos,
en su eterno palpitar de olas, arenas  y gaviotas,
cambiando siempre sus colores según su ánimo,
cobijando a todas  las criaturas marinas,
como un mundo paralelo en nuestra existencia.

Pasamos por interminables desiertos silentes,
algunos eran verdes otros amarillos, otros oscuros,
y se sentían los llamados de todas las pirámides,
para saludarnos mientras seguíamos el destino,
viajando hacia un oráculo oculto en el espacio.

Finalmente entramos en mundos desconocidos,
era como una bodega de un universo lejano,
nos internamos en lo profundo de la nada,
y la nave de viento se desarmó poco a poco,
quedando atrapados en un recodo de la eternidad.

Sobre Dimensiones Perdidas de Garbiel Desmar en El Mercurio de Antofagasta


martes, 10 de mayo de 2011

Sobre Cavilaciones y Sendas de Gabriel Desmar [por Juan Moya Pérez]

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Qué momento más especial para acompañar a un amigo en el lanzamiento del primero de muchos libros de poemas dedicados a la vida, a la naturaleza y rincones especiales de la tierra.
Conocí a Gabriel Desmar como compañero de trabajo en su labor de ingeniero de telecomunicaciones e ingeniero civil industrial, nunca imagine que detrás de un hombre, un físico matemático,  se escondía un poeta, pasión que atesoro silenciosamente por muchos años………… me conto hace poco su facilidad para escribir  y su deseo de publicar su trabajo poético.
Gabriel Desmar como hombre nacido en esta generosa tierra nortina, en su libro “Cavilaciones y Sendas” ,  nos cuenta de sus vivencias, de sus sueños,  de los senderos recorridos  de mar a cordillera y  de norte a sur,  de rincones especiales, de nuestra historia patria  y de sus viajes por varios rincones de nuestra América morena y Japón,  también nos cuenta de manjares típicos de Chile y sus acompañamientos
Y como corolario de lo señalado en el párrafo anterior recuerdo algunos fragmentos de su libro:
De su poema “ Viajar”
Me gusta viajar
Planificar la ruta

Esperar el momento
Para salir libre a las praderas
Remontando aires nuevos

Es el destino pegado al ser
Conocer cosas nuevas
Explorar lugares
Es una misión grabada
En lo profundo de los huesos

Cuando habla de la naturaleza y rincones en su poema “ Catedrales Pétreas”

Camino sinuoso por la costa azul de siempre
De a poco aparecen cada vez más grandes
Formaciones pétreas de tamaño inmedible
Que se elevan al cielo casi sin poder verlas

Una tras otra pasan las catedrales naturales
Pasan por  mis ojos en forma infinita
Que me miran,   que me atrapan  y sorprenden
Y se quedan muy quietas frente al mar.

Tímidos cactus  adornan y coronan su altura
Alimentados por brumas y vientos marinos
De piedras que cantan al rodar solas
 quebradas por el sol y su eterno circular


También nos recuerda nuestra historia en su poema “Punta de Angamos”

De quieta presencia magnifica y silenciosa
De playas blancas y aguas turquesas y tranquilas
Escondida lejos por mar y por cerros quietos
Mirando el pacifico atalayando la historia

Punta de Angamos que vio combate en sus aguas
Boya y mirador recuerdan ese magno evento
Todo está barrido por el sol, la brisa y el viento
Las blancas arenas,  la belleza y su lejanía


Y para terminar les presento del poema El Vino, bebida que acompaña nuestras tertulias y platos finamente preparados por él junto a su esposa Clarita,

De las antiguas y oscuras bodegas del tiempo de uvas
Llega a encasiarse el vino misterioso en mi copa
Arrastra aromas de biblia, hombres e imperios lejanos
De pies desnudos estrujando en lagar de arcilla y sol
Jugos cristalinos emanan como fuente eterna de vida

Compañero eterno del hombre en su viaje milenario


Ha sido para mí motivo de gran orgullo y satisfacción el haber tenido el privilegio de haber intervenido en el lanzamiento de vuestra obra literaria, que sin duda, será un solaz importante para alimentar los espíritus de quienes tengan la oportunidad de leer estos poemas.

Larga vida y generosa producción literaria, estimado amigo y poeta Gabriel Desmar

Antofagasta, 4 de mayo de 2011.-
Jmoya


domingo, 13 de marzo de 2011

Muestra del poemario Cavilaciones y Sendas de Gabriel Desmar.

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Cavilaciones y Sendas
Gabriel Desmar

COLECCIÓN BÚHO DE CRISTAL.



El camino

Caminando el largo camino no visible,
como larga sombra, como soplo de viento,
a veces sé por dónde ir, a veces me pierdo
y camino inviernos  y primaveras luminosas,
siempre en busca del final del sendero.

Pasos de niño de la mano buena de mi padre,
cuidados de siempre por la mirada de mi madre,
pasos de arena, paso sutiles de leve huella,
que caminaron en la brisa, corrieron por el viento,
y se llenaron de alegría y de rocío marino.

Camino pedregoso de juventud indómita,
de lejanías y paso susurrante de claridades,
de conocer todo y vivir suspendido en el aire,
frágil como brizna en una tormenta gris,
caminé mis paso y atravesé el destino otorgado.

Mis ojos se perdieron con tantos caminos,
me fui por muchos tras claridades lejanas,
recorrí ancestrales huellas y nuevas huellas,
subí cansado a conversar en las alturas,
milenios entraron por mis huellas de esperanza.

Caminos verdes, cafés, grises y luminosos,
de selvas, altiplanos, ciudades de rostro nuevo,
me llevaron a otras vidas, como semilla viajera
como rayo de luz que cruza la pradera extensa,
que ilumina todo para encontrar nuevas tierras.

Caminé por el aire tras otros aromas difusos,
caminos sutiles hechos de nada y de todo,
de oriente y azules y verdes alturas cristalinas.
Huellas antiguas de antiguas civilizaciones,
unas ya idas, otras caminando hacia su destino.

Camino por años en busca de todo adelante,
nunca llego en los caminos infinitos difusos,
el final del camino está en mi mente viajera,
que espera que en el recodo se abra la primavera,
para soñar descansado por mí largo caminar.




Una nueva primavera

Llega una brisa fresca anunciando su paso,
se despliega una luz armoniosa y transparente,
llenan mis sentidos de energías nuevas,
como sangre fresca recorriendo mis venas,
como savia nueva subiendo a las hojas.

El sol luminoso y la brisa marina costera,
es un bálsamo que envuelve el alma,
desdoblando el ser en un etéreo fluido,
que traspasa el cuerpo y se va a las alturas,
como perfume de verdes bosques florecidos.

Cuento mis años en frescas primaveras,
es un espectáculo del despertar de los sentidos,
es una lluvia de iones negativos en mis pulmones,
que despiertan el cerebro cansado de penumbras,
y lo impulsan a vivir pleno sus energías.

Me gustan las primaveras del norte de Chile,
su aire eternamente transparente  y sutil,
sus brisas marinas de salada presencia,
su silencio embriagador de caminos largos,
su mágica consistencia envolviendo el paisaje.

Primaveras de verdes follajes como melenas,
flores de infinitos colores palpitando al sol,
trinos de aves cruzando hacia ningún lado,
como pensamiento sin destino concebido,
cae lenta, envuelve todo, fusiona los elementos.

Cada primavera que empieza a nacer del invierno,
trae envuelto un llamado de esperanza,
trae fuerzas escondidas en las esquinas del viento,
para que nutran el alma de vitales elementos,
para absorber su fuerza y nuevamente renacer.





Observatorio Paranal

Ojos de la ciencia mirando el misterio lejano,
prístino cielo cobija cúpulas de brillantes metales,
leve aire de las alturas acompaña a la fría noche,
noche siempre estrellada, de negro profundo y leve luz,
enséñame que hay más allá, en esa lejanía tan eterna.

Quiero ver el principio de las cosas, el inicio de todo,
mirar en lo profundo, pasar por miles de galaxias,
llegar a la nada aunando todos a la vez sus cristales,
para ver el pasado, mirar el origen a 14 mil millones de años,
cuando nada existía, cuando todo comenzaba a crecer.                                     

Ínfima luz que circula silenciosa por espacios diluidos,
exhausta de viajes interestelares y curvando su camino,
dame tú el saber de tu origen pegado a tu presencia,
leve huella que atraviesas todo para traer  tu mensaje,
para decirnos y contarnos tu historia infinita primaria.  

Busca mundos como el nuestro en alguna estrella,
no quiero estar tan solo en este universo tan grande,
quiero sentir una mano planetaria que se extienda hacia mí,
encuéntrala mirando en esas noches tan lúcidas de cielo y nada,
e invítala a compartir este espacio y tiempo de plasma estelar.    

Monumento al saber y las preguntas inconclusas,
ábrete cada noche y acércate a la verdad insinuada,
encuentra nuestro lugar en el cielo brillante de estrellas,
llena nuestro conocimiento aún vacío de respuestas,  
y transpórtanos en tu luz al pasado eterno universal. 





Melbourne & Clark

En Antofagasta hay un muelle olvidado y café,
de hierros y rieles hundidos en la arena algosa,
grúas antiguas luchando con la herrumbre salina,
apuntando al cielo sus viejos brazos de metal y gaviotas,
nadie la mira, su vida es nada, su vejez es larga.                                               

Por el bajó Emilio Sotomayor en un verano,
un 14 de Febrero ya lejano tembló el pino oregón,
ancestrales maderas que tapizan mar y tablones,
vieron nacer chilenas las calles, el salitre y el sol,
mientras las aves quietas en el cielo lo oteaban.                                                     

Máquinas de la lejana Inglaterra yacen heridas,
por sus nuevas maderas llegaban y partían,
seres y esperanzas de buques y velas al viento,
de salitre y pasajeros por los caminos oceánicos,
por el horizonte azul plateado y estelas blancas.                                               

Que largo es el olvido, se lo comió el tiempo,
sus bases se angostaron carcomidos sus rieles,
ya no hay fuerza de sostener lo mismo de antes,
mientras sus piernas heridas de algas se diluyen,
remaches, maderas, sonidos de otros tiempos caen al mar.

Roble americano y pino oregón conversan,
monumento nacional yaces de rodillas por los años,
lejano 1872 naciste y ahora estas envejecido e inútil.
tiempo retrocede y regálame su visión vestida de gloria
para poder contemplar  su magnífica presencia. 




Tren a Sao Paulo

Estación esperando eternos viajeros,
esperanzas suben interminables y extensas,
de lejanas naciones y lenguas sin tiempo,
amalgama de personas y destinos conjugadas,
se acomodan en vagones rumbo al este.

Paisaje de horas con horizonte de ciudades,
Campo Grande en la lejanía verde oceánica,
conversando en andenes de brisas buscadas,
dejando pasar el tiempo de monótona cadencia,
de juventud sentada y cruzando a sus destinos.

Rumbo a Italia, a Río de Janeiro, a los sueños,
rumbo al futuro brumoso, tejido con hilos de esperanza
cadencia del tren en larga vía cargado de anhelos
transporta a todos a su vida insinuada,
en pos de un destino apenas revelado.

Aromas de comida invaden el tren,
sabores brasileros de café y sabores mezclados,
de rica herencia ancestral de su vasto mundo,
con toques de  Europa, América  y África  cocinados,
mixtura de sabores con equilibrio de planeta.

Planicies infinitas de infinito verde avanzan,
superficies generosas de agua y de follajes,
plantaciones eternas, de largos paisajes difusos,
entran en la noche de cadencia y hierro chirriando,
para llegar traspasando los días a Sao Paulo.




Sao Paulo

Ciudad de luces, de grandes edificios ojivales,
como paisaje de gigantes extendidos,
con plazas, parques y autopistas circulares,
con personas perdidas en el urbano paisaje,
edificio ondeado por cristal y viento poemario.

Del lejano oriente una perla incrustada,
de opalescente luz transportada por las aguas,
barrio japonés, ciudad burbuja de orientales brisas,
distinta, ancestral, milenaria y bullente,
colonia conservando su vida lejana y vital.

Parques y museos de arte se cruzan,
como metrópolis de otras latitudes,
millones de personas circulan con sus sueños,
a veces se ven, otras se intuyen en la marea,
en el pulso vital, en las arterias de la ciudad.

Café, leite, coxinha, infinidad de manjares,
tradición de cocina en infinitos lugares,
calles de pletórica y bullente economía,
centro financiero del extenso y sámbico  Brasil,
Se revela de a poco ante mis ojos buscadores.

Millones se mezclan día a día en el crisol,
en sus cristales, en sus perlas, en sus calles,
en sus alturas, en sus parques, en su cemento,
en sus razas, en sus sueños, en su fútbol,
para dar forma a la extensa ciudad esmeralda.

Grandes edificio conversando con las alturas,
como dedos extendidos de muchas manos,
como árboles de la selva quieta buscando el sol,
como bosque fundamental entrelazado,
se extienden por el inmenso paisaje de verdes colinas. 





Río de Janeiro

Río de Enero verde y de largas playas,
de barrios indecisos en loca geografía,
con bahías diseminadas entre el mar,
ciudad con muchas ciudades dentro,
naturaleza en sinfonía de  verde y azul.

Copacabana larga y deportiva,
gentes corriendo en la mañana al viento,
en el atlántico mar de olas persistentes,
arenas doradas y juegos en las playas,
cultivo del cuerpo como polis griegas.

Ipanema elegante y señorial,
laguna Rodrigo da Freitas quieta,
barrios de exuberante vegetación,
como calles de quieto aroma y pasar,
como tranquilidad de barrios dormidos.

Pan de azúcar y sus cables leves,
pequeñas cabinas remontando el cielo,
paisaje de brumas en la alta cumbre,
mientras navego entre el mar y los árboles,
como un ave silenciosa cruzando el paraíso.

Corcovado vertical y empinado,
como buscando el cielo de los dioses,
cansado tren remontando sus laderas,
cristo inmenso observando la ciudad,
desde su gris esfinge de geológico granito.

Mira con dos ojos la ciudad allá abajo,
uno con alegría los bellos barrios,
otro con tristeza las fabelas diseminadas,
como dolor recordatorio de la pobreza,
como un todo amalgamando la ciudad.

Las laranjeiras, barrios incesantes,
sombras extendidas en follajes de selva,
lluvias y humedad cubriéndolo todo,
Malls, paseos, Botafogo hermoso,
incesante ir y venir de vida presurosa.


Centro de Río desconocido y revelado,
señorial ciudad con su teatro de ópera,
sus museos extensos y calles señoriales
mostrando su origen de imperio europeo,
desde el lejano Pedro Segundo y Leopoldina.

Metro subterráneo cruzando cerros,
estaciones singulares de revelada belleza,
nervios ocultos bajo la piel de la ciudad,
como caminos de aguas de la selva,
como trenes que te llevan a los sueños.

Maracaná inmenso coliseo del fútbol,
pasión brasilera del  deporte mundial,
Floresta da Tijuca, selva comprimida,
conservada en el centro de la ciudad,
como cápsula del amazonas en las manos.

Sambódromo, estadio lineal del carnaval,
belleza de sueños convertidos en trajes,
en música de los tiempos primigenios,
que circula por las venas al son de los tambores,
que nos llaman desde tiempos milenarios.

Comida de variados sabores fusionados,
de Portugal, de África, de América,
dendé color de naranja perfumado,
coxinhas, guaraná, camarones infinitos,
frutas generosas del extenso Brasil.

Río, ciudad marina y terrestre de selva,
intrincada geografía explorando rincones,
belleza inmensa desplegada al sol alegre,
con sus cerros, sus brisas, su humedad,
un regalo oculto a los sentidos sorprendidos.





Tokio

Tokio, ciudad infinita de oriental presencia,
de aromas marinos y vertiginoso sueño,
de orden, trabajo y limpieza ancestral,
ciudad subterránea y bullente de energía,
ciudad que va presurosa a todos sus rincones.

Shinkansen como avión blanco terrestre,
se desliza presuroso como un sueño,
como una nave que viaja a reinos escondidos,
como inusitada luz que cruza el firmamento,
para llegar en un tiempo leve a su destino.

Jardines imperiales de extenso recorrido,
museos interiores de tranquila presencia,
lagunas con peces de colores flotando,
aroma de té verde en antigua ceremonia,
que viene desde antes a recordar su historia.

Lluvia persistente en brillosas calles,
subterráneos interminables de trenes,
que van a todas partes cargados de ilusiones,
van a ciudad eléctrica y a Ginza elegante,
van a disneylandia y a los templos sintoístas.

Budismo y sintoísmo caminan juntos,
templos diseminados de rojo y dorado,
espacios inmensos sin paredes te reciben,
guerreros furiosos cuidan sus puertas,
y el comercio bulle en sus calles interiores.

Árboles con ramas colmadas de deseos,
perdidas peticiones sobre todas las cosas,
parecen que florecen todo el año con papel,
papeles amarrados con sueños pedidos,
a los dioses sintoístas de Azakusa.

Cerezos en flor de delicada presencia rosa,
con sus diminutas pétalos aterciopelados,
florecen en las calles y parques en primavera,
y dejan caer un manto de pétalos al suelo,
como camino de paz rumbo a los anhelos.


Yokohama puerto de tranquilas aguas,
jardines cuidados y largo paseo marino,
cruzo la bahía surcando sus orientales aguas,
navegando por su historia, por su puente,
recorriendo este lejano mar azul celeste.

Ciudad de lejanos shogunes y guerreros,
samuráis y códigos flotando en la historia,
espadas filosas de armas letales y precisas,
con miles de años siguen hoy como ayer,
traspasando el tiempo los artesanos ya idos.

Torre de Tokio de portentosa estatura,
diseminando ondas eléctricas con mensajes,
roja y blanca dominando el paisaje urbano,
allá abajo se divisan minúsculas las cosas,
las personas perdidas en la inmensidad.

En la lejanía durmiendo su geología,
se encuentra el volcán Fuji dormido,
de imponente presencia azul de brumas,
con su cresta de blanca nieve brillando al sol,
mostrando su imponente presencia ancestral.