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domingo, 10 de agosto de 2014

EL LUGAR DONDE INCLINO LA CABEZA, DE PAULA BECQUER: LA METAFISICA LUCIDEZ FEMENINA por EDUARDO J. FARIAS ALDERETE



La cosmovisión poética de Paula Becquer no puede separarse del espacio tiempo, en el fondo esta metafísica poética explora en cada verso una faceta de la realidad cercana pero de tintes individuales.
Su oficio es esmerado y se basa en su mayoría en sentidos contrapuestos de los elementos comunes en una bella y femenina retórica, hay una fuerza vital, enérgica y cotidiana, enmarcada en una musicalidad propia.
Me fijo en la metafísica, algo netamente filosófico, pero no por eso No-poético que se aplica perfectamente de fondo y de forma, esto se mezcla de manera equilibrada con el pathos femenino universal.
Estos son elementos y rasgos dignos de tomar en cuenta pero lo que  define su arte poética  es que la musicalidad no se sacrifica en ningún lapso el ritmo en pos de utilizar alguna imagen elaborada y muy definida, la lógica se casa con la belleza y lo cotidiano con lo elevado del espíritu para generar la vox poética de Paula Becquer:
“Parecen voces que despistan los inviernos
que llegan rojos de provisiones y enredan la lengua
juzgando por partes la verdad y enmudecen la mentira.
Vive de acentos que en la inseguridad desata
son pausas de un lado indefinido
y sujetan el corazón en hilos transparentes
envolviendo el porcentaje en inquietas esperas
que lleva un nombre tras la puerta.”

Las  imágenes que marcan una preponderancia a ubicarse en el espacio y amenaza por ser ubicua especialmente en el segundo cuerpo de este libro: “Y ser pasajero del Aire”, una estructura distinta y asombrosa dentro del plan completo de este libro, no se acostumbra a ver este tipo de plan poético distinto que va más allá del título agrupando poemas cortos de más de tres versos, porque  en realidad, hay un hilo conductor sutil  e inteligente entre cada una de los pequeñas estructuras que conforman y se cuadran en un titulo mayor:
DE SILENCIO
Desde el mundo
No llegan sugerencias del otro frente.
Desde los murmullos inquietos
duendes se mueven fuera de la inocencia
quizás para reírse más tarde de la fragua de barro.
Desde otra mirada
Amén yo no dije por tu nombre, no fui ángel
nunca grité en la caída.
Yo miraba desde el otro pantano.
Desde los impulsos
Dos o tres golpes inquisidores y la exactitud sin reemplazo.
La voz no traspasa la simiente
y desde el correr del cuerpo
es peor no desencadenar errores.
Desde el Agua
No di tantas vueltas como la sonrisa
como decir
que el rio no suena y que las piedras quedan apartes del
mundo
que ya sabía de sentir en el vientre.”

Ahora vayamos a lo predominante en esta cosmovisión, la Metafísica y sus conceptos principales: el ser, la nada, la existencia, el mundo, el espacio, Dios , la causalidad y el fin. Pero he aquí que todo es visto con los ojos de una mujer que tiene el valor y la capacidad de traducir en su verso la totalidad del universo y los sentimientos que mueven la realidad humana, base de la poesía.

(El lugar donde inclino mi cabeza, Paula Bécquer, Búho de cristal ediciones, 2011) por Pablo Lacroix




(El lugar donde inclino mi cabeza, Paula Bécquer, Búho de cristal ediciones, 2011)

No hay cosa más libre que 
el entendimiento humano;
pues lo que Dios no violenta,
por qué yo he de violentarlo?
Sor Juana Inés de la Cruz

En el primer encuentro con la obra de Paula Bécquer se puede apreciar una portada color mora, de letras blancas y un cuadro elaborado bajo tonos cálidos. Ese cuadro, que define a una mujer morena mirando el cielo, con sus manos unidas en gesto de oración y/o esperanza, está también acompañada por un fondo rojinegro que se difumina con su pelo, más una flor amarillenta, parecida a un girasol que en perspectiva parece estar unos centímetros más adelante que la mujer. La pintura, titulada “La oración”, vive bajo la autoría de Nelson García Jiménez, artista cubano, y quizás este referente geográfico nos de pistas sobre la cercanía estética de esta obra con la labor creativa de artistas de renombre como lo fueron Diego Rivera y Frida Khalo. En definitiva, la obra visual de García Jiménez nos habla desde ya de una mujer que aferrada a su realidad (ejemplo de esto es la flor y sus cabellos que se fusionan con el fondo) busca establecer un diálogo con lo divino, mirando hacia el cielo, proyectando su pensamiento a las alturas y juntando las manos en gesto de devoción. La pintura del artista cubano es el primer recado dentro del lenguaje poético de Paula Bécquer, comunicándonos que esta obra tratará de la vida de una mujer que convive con la experiencia religiosa y la coexistencia diaria con su entorno.
El lugar donde inclino mi cabeza es un poemario cuya voz instala una experiencia femenina que relaciona los actos de fe con la peligrosidad del mundo, dirigiéndonos hacia terrenos en que el juego de la palabra y el mensaje construyen un viaje cargado de íconos y signos de sólido significado. “No expongo una palabra / el pensar de tantos días / ni subir desde el fondo/ a una verdad de a gotas / que no tiene fichas en el registro abierto / donde resbala el juego como en un crucigrama /  / Las definiciones personales desgastan el credo / vale más sentir desde el punto y no explicar el movimiento” (pág. 34).  Este bastidor de poemas es un recorrido mental en que una mujer se instala frente a su vida, reflexionando sobre su espíritu y el espíritu colectivo, bajo los paradigmas del ser creyente, el deber ser y el ser afectivo, donde su vida (siempre inclinada a lo divino) batalla largamente contra sus espejos y recuerdos “Yo rezo desde mi tiempo sin envenenarme” (pág. 40).
Como dos planos mentales que se transforman irremediablemente en uno, Paula Bécquer, constructora de una voz protagonista y testigo de su realidad, nos presenta este mundo posible oblicuo, que soslaya su cabeza a Dios y la poesía, en un juego de inmersión y reflexión sobre la batalla eterna con lo cotidiano. Sin embargo, esa batalla no es violenta ni crítica, es más bien una lucha constante con el vivir, relegándose a una posición de permanencia, vale decir, mantener su fe, continuar el camino, observar pero no manchar su espíritu con el entorno, como también realzar la belleza del mundo, lo cual se manifiesta con fuerza y valor en la segunda parte de su libro, el capítulo titulado “Y ser pasajero del aire” (pág. 45 – 58).
Me resulta inevitable reconocer que Paula Bécquer a pesar de construir un mundo bajo un lenguaje y labor estética que no es de mi agrado, presenta en su primera obra una voz firme, con una intención clara y que demuestra un trabajo dedicado a la poesía, el imaginario y la transmisión de un mensaje autónomo. El hablante lírico en esta ocasión no pretende universalizar ni universalizarnos, sino que solo propone dar a conocer su voz, su experiencia y su visión particular del mundo y la acción poética o más bien, el acto de escribir y escribirse. Esta perspectiva es lo que le da fuerza y dependencia al texto, a lo que cito las palabras que aparecen en la contraportada de la obra, palabras escritas por el poeta de Copiapó Fernando Rivera Lutz; “hay en esta voz tan universalmente femenina, diversos giros sobre los mundos posibles para una poética que se expande en variedad de raíces, pero tan sutilmente integradora que pareciese un solo gran poema”. El lugar dónde inclino mi cabeza es en realidad un solo poema, como una sola vida o una sola experiencia imposible de fragmentar.

El primer encuentro con la obra (la portada) nos dirige la lectura bastante bien. No nos miente ni nos oculta nada, no nos adelanta tampoco, simplemente nos guía. Nos direcciona y acerca el camino, para así posicionarnos de buena forma al comunicarnos con el texto. La pintura del artista cubano Nelson García Jiménez y el título de la obra encajan a la perfección, al igual que el color de la portada/fondo, un morado suave, delicado. Lo mismo ocurre con la función intertextual de la obra, como la cita del poeta español José Hierro (1922 – 2002) que nos da pistas de la visión poética de la autora: “[…] la poesía es como el viento, / o como el fuego, o como el mar. / Hace vibrar árboles, ropas, / abraza espigas, hojas secas, / acuna en su oleaje / los objetos que duermen en la playa […]” (pág. 47).

El Lugar dónde inclino mi cabeza es una obra completa y estable. Autosuficiente en su lenguaje y bajo ningún motivo pretenciosa. Es un texto claro, de imágenes delicadas y con un mensaje directo, porque para este hablante lírico la vida se encarna entre la cotidianidad de una ciudad que seduce, el cuerpo de una mujer que observa su entorno y un leitmotiv que actúa de escudo permanente. Un leitmotiv que es Dios, guía que orienta el sendero elegido.
“Sabes la distancia que llevas a mi derecha
el vaivén que separa el minuto después del silencio
sabes en qué lugar inclino mi cabeza
y dónde fielmente los mundos cierran sus páginas” (pág. 38).

miércoles, 29 de agosto de 2012

Reseña al Lugar donde inclino mi cabeza en Revista Absenta




Título de la obra: El lugar donde inclino mi cabeza

Autor: Paula Bécquer

Nacionalidad: Chilena

Género: Poesía

Editorial: Colección Búho de cristal

58 páginas



El lugar donde inclino mi cabeza es un poemario cuya voz instala una experiencia femenina que relaciona los actos de fe con la peligrosidad del mundo, dirigiéndonos hacia terrenos en que el juego de la palabra y el mensaje construyen un viaje cargado de íconos y signos de sólido significado. Este bastidor de poemas es un recorrido mental en que una mujer se instala frente a su vida, reflexionando sobre su espíritu y el espíritu colectivo, bajo los paradigmas del ser creyente, el deber ser y el ser afectivo, donde su vida (siempre inclinada a lo divino) batalla largamente contra sus espejos y recuerdos. 

Como dos planos mentales que se transforman irremediablemente en uno, Paula Bécquer, constructora de una voz protagonista y testigo de su realidad, nos presenta este mundo posible oblicuo, que soslaya su cabeza a Dios y la poesía, en un juego de inmersión y reflexión sobre la batalla eterna con lo cotidiano.



Fragmento de El lugar donde inclino mi cabeza de Paula Bécquer



Sabes la distancia que llevas a mi derecha

el vaivén que separa el minuto después del silencio

sabes en qué lugar inclino mi cabeza

y dónde fielmente los mundos cierran sus páginas



por Pablo Lacroix

miércoles, 6 de julio de 2011

DAMOS LA BIENVENIDA A NUESTRA QUINTA EDICIÓN: EL LUGAR DONDE INCLINO MI CABEZA (DE PAULA BÉCQUER)



La dinámica que impone el mundo global tan bien ejemplificado en el universo de las comunicaciones, no permite a veces el encuentro de las personas consigo mismas y menos el contacto con el otro, a través de la reflexión calida y serena, rica en matices donde lo intimo sea lo convocado en el tránsito de este encuentro
.
“El Lugar donde inclino mi cabeza”, precisamente hace un llamado urgente a esa necesidad. A ese intercambio sutil, lleno de honestidad individual, donde la auto-reflexión que transmite, sin duda va más allá de cualquier orilla, invitando al lector a indagar sobre sus propias reflexiones, si las hay, de lo contrario, conminándolo a ellas.

No es posible la indiferencia, cuando la autora, te susurra “cuando una legión de pasar/ resistía los tacos lacerados / de tanto sentir el mundo.

Hay en esta voz tan universalmente femenina, diversos giros sobre los mundos posibles para una poética que se expande en variedad de raíces, pero tan sutilmente integradora que pareciese un solo gran poema. En efecto, estos textos no se apartan de la tradición cuando nos habla del amor, de la muerte, lo divino, la belleza, en fin, los temas consagrados en cualquier obra literaria, pero el destello de su propia voz se nos aparece en el momento de los instantes….. ese minúsculo acento que el tiempo perfora y que queda suspendido en la espera inmanente de su aprehensión.: “ y sin cuestiones de fe / se marca la ruta de un designio / se escuchan otras voces, el día de mañana”.

Esta obra, tal vez poco usual en el estridente mundo contemporáneo, contiene además un delgado hilo transversal que misteriosamente va marcando encuentros y desencuentros con la divinidad como en una permanente dialéctica, que apunta a un definitivo creer, como una necesidad de la palabra, para que efectivamente se haga verbo : “ Amén yo no dije por tu nombre, no fui ángel / nunca grité en la caída. / yo miraba desde el otro pantano.. y al mismo tiempo “ Las teorías caen por la ventana / antes que el cielo sea alcanzado en un capitulo / y el vuelo retoma la fe perdida… /

El libro que hoy nos acompaña, dividido en dos capítulos, en donde el segundo de estos resume eficazmente la propuesta expresiva de la autora, no sólo en el “decir” sino, también, en la construcción de su escritura, en donde se constata , una síntesis, integración, y solidez estructural, que permite la apreciación de una voz segura, y en donde este, su primer libro, augura un tránsito esperanzador por la aventura de la poesía, para la novel poeta Paula Bécquer.



Fernando Rivera Lutz
Copiapó/Junio/ 2011

martes, 14 de junio de 2011

Buho de Cristal anuncia su nueva edición: El lugar donde inclino mi cabeza de Paula Bécquer

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La dinámica que impone el mundo global tan bien ejemplificado en el universo de las comunicaciones, no permite a veces el encuentro de las personas consigo mismas y menos el contacto con el otro, a través de la reflexión calida y serena, rica en matices donde lo intimo sea lo convocado en el tránsito de este  encuentro
.
“El  Lugar donde inclino mi cabeza”, precisamente hace un llamado urgente a esa necesidad. A ese intercambio sutil, lleno de honestidad individual, donde la auto-reflexión que transmite, sin duda va más allá de cualquier orilla, invitando al lector a indagar sobre sus propias reflexiones, si las hay, de lo contrario, conminándolo a ellas. 

No es posible la indiferencia, cuando la autora, te susurra “cuando una legión de pasar/ resistía los tacos lacerados / de tanto sentir el mundo. 

Hay en esta voz tan universalmente femenina, diversos giros sobre los mundos posibles para una poética  que se expande en variedad de raíces, pero tan sutilmente integradora que pareciese un solo gran poema. En efecto, estos textos no se apartan de la tradición cuando nos habla del amor, de la muerte, lo divino, la belleza, en fin,  los temas consagrados en cualquier obra literaria, pero el destello de su propia  voz se nos aparece en el momento de los instantes….. ese minúsculo acento que el tiempo perfora y que queda suspendido en la espera inmanente de su aprehensión.: “ y sin cuestiones de fe / se marca la ruta de un designio / se escuchan otras voces, el día de mañana”.
 
Esta obra, tal vez poco usual en el estridente mundo contemporáneo, contiene además un delgado hilo transversal que misteriosamente va marcando encuentros y desencuentros con la divinidad como en una permanente dialéctica, que apunta  a un definitivo creer, como una necesidad de la palabra, para que efectivamente se haga verbo : “ Amén yo no dije por tu nombre, no fui ángel / nunca grité en la caída. / yo miraba desde el otro pantano..  y al mismo tiempo  “ Las teorías caen por la ventana / antes que el cielo sea alcanzado en un capitulo / y el vuelo retoma la fe perdida… / 

El libro que hoy nos acompaña, dividido en dos capítulos, en donde el segundo de estos resume eficazmente la propuesta expresiva de la autora, no sólo en el “decir” sino, también, en la construcción de su escritura, en donde se constata , una síntesis, integración, y solidez estructural, que permite la  apreciación de una voz segura, y en donde este, su primer libro, augura  un tránsito esperanzador por  la aventura de la poesía, para la novel poeta Paula Bécquer.
                                                                                                              Fernando Rivera Lutz
Copiapó/junio/ 2011